Vivir al día

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Surtidor de gasolina

De vuelta a casa, paro para repostar en una gasolinera en la que no es necesario mancharse las manos.

       – Buenas tardes, ¿a cómo está la gasolina, hoy?

       – A 1,20 – me responde el empleado, sin apenas mirarme.

       – Bien, ¡póngame un litro! – le digo con rotundidad.

       – ¿Está Vd. de guasa? – me responde desafiante, ha despertado de su letargo.

       – Mire, como me cae Vd. bien y parece una persona comprensiva – miento – voy a explicarle que sólo necesito recorrer una pequeña distancia y con esa cantidad tengo suficiente. Vivo al día, como la inmensa mayoría de los ciudadanos, ¿o es que Vd. puede permitirse hacer inversiones de futuro?

Ahora ya no exhibe cara de vinagre, y me habla sobre lo mal que lo está pasando la gente en estos tiempos.

Cuando termina, el marcador da un precio de 1,50 Como no quiero discutir, le doy una moneda de dos euros y, al darme el cambio, me dice socarronamente:

       – Con la vuelta puede Vd. comprar media barra de pan.

Le sonrío con educación y me despido cortésmente. No conviene ir cerrando puertas y nunca se sabe a quién se puede necesitar.

Al día siguiente vuelvo. Me ha reconocido al instante.

       – Qué, ¿un litro de gasolina? – me dice de inmediato, en un tono amigable.

       – ¡No! – le respondo – póngame un litro y medio.

Al ver su cara de extrañeza, intuyo que debo explicarme, una vez más:

       – Necesito esa cantidad porque tengo ganas de darle “caña” al coche o, ¿es que Vd. no se da un capricho de vez en cuando?

Antonio Pérez Gallego | Madrid

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