Princesas sin zapatos de cristal

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“Dos ratoncitos cayeron en un cubo de nata, -señala Christopher Walken en Atrápame si puedes-, el primer ratón enseguida se rindió y se ahogó. El segundo decidió pelear, y se esforzó tanto que finalmente transformó la nata en mantequilla y consiguió escapar”.

Me gustaría que los lectores imaginasen a ese segundo ratón ¿Ya? Pues borren de su mente al ratón. Es verdad que se esforzó y gracias a ello consiguió salir, pero seguramente han pensado en un ratón “masculino”, un chico, y hoy les vengo a hablar no sólo de una chica, sino de un grupo de ellas.

Soy entrenador de baloncesto, de un equipo masculino, y después de una semana entrenando por fin llega el sábado, día de partido. Apago el despertador, desayuno ultimando los detalles del quinteto inicial, me pongo el abrigo y salgo con ganas de llegar al polideportivo La Solidaridad. Al llegar, tengo como costumbre primero mirar las canastas y después al rival, pero este sábado fue diferente, algo había cambiado, en este caso no eran chicos sino chicas.

En la liga municipal de Fuenlabrada, dentro de la categoría cadete, existen dos equipos femeninos: C.D. NILE Femenino y M.B. Torrejón de la Calzada, y escribo este artículo simplemente para darle las gracias, a estos dos equipos y a otros muchos equipos femeninos que forman parte de las diferentes categorías.

Gracias primero por elegir una de mis pasiones: el baloncesto, y gracias por cada sábado salir a la cancha decididas a pelear sin descanso. Para mí sería fácil escribir una lista de nombres que han sido referentes del baloncesto femenino, pero esta vez optaré por no hacerlo, porque en este momento el referente son ellas, las mismas que un día decidieron quitarse metafóricamente los zapatos de cristal, y atarse las zapatillas de juego para salir de un cubo lleno de nata.

Edgar Cárdenas.

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