Miedo al medio

El cuarto poder. Así se conoce a los medios de comunicación. Se entiende que en un régimen democrático los poderes están separados y, además, bajo mecanismos de regulación del Estado. Sin embargo, cuando se plantea el control de los medios, los grandes grupos se escandalizan y aprovechan sus portadas para meter en la sociedad el miedo a una posible censura. De pronto, los mismos que dan información subvencionada por grandes empresas (es decir, los que no la dan cuando perjudica a éstas), se convierten en supuestos adalides de la libertad de expresión.

Noelia Isidoro, redactora de contenidos de Podemos

Noelia Isidoro, redactora de contenidos de Podemos

¿De qué libertad estamos hablando exactamente? Sabemos que la información es poder, pero sabemos también que el poder es poder y no está dispuesto a renunciar a ninguno de sus resortes. En nuestro país ya existe esa concentración de medios que desde las corporaciones se nos vende como privativa de las dictaduras. Nada dicen de cómo el BBVA, La Caixa, el Banco Santander, el grupo Planeta, Prisa o Vocento acaparan la mayoría de periódicos, televisiones y radios. Y son los dueños de intereses económicos que nada tienen que ver con intereses ciudadanos.

La Constitución Española reconoce en su artículo 20 el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión y que el Estado garantizará el acceso a los mismos de los grupos sociales y políticos. ¿Dónde queda esa garantía de pluralidad y de acceso a la información cuando esta es mercancía de unos pocos? La concentración empresarial la hace imposible. Un ejemplo podría ser cómo se aborda en la prensa generalista el asunto de los desahucios: o no se toca o se hace amarillismo, pero jamás muestran qué banco es el que echa a la gente a la calle y cuántos ingresos por publicidad proporciona al medio en cuestión.

Cuando se habla de independencia, evidentemente, no basta con la económica, sino que se reclama también la política respecto al partido que gobierna. No puede ser que a estas alturas los trabajadores de TVE denuncien a la dirección de informativos por manipular noticias y aquí no pase nada. Precisamente los medios públicos deben garantizar la libertad de prensa y para ello hay que eliminar la censura previa motivada por las presiones de los de siempre.

¿De dónde viene, entonces, ese miedo al control? Parece que lo que se teme realmente es el poder de la ciudadanía. El dar voz a los que no la tienen porque no son rentables ni controlan cuotas de mercado. La información, que seguramente no puede llegar nunca a ser objetiva, tiene al menos que ser plural y eso es lo que no consienten.

Resulta mucho más cómodo hacer periodismo de saliva (“este dice y el otro contesta”), asistir a ruedas de prensa de pantallas de plasma o de políticos que no aceptan preguntas, comentar sólo aquellos eventos culturales que vienen patrocinados por grandes empresas (ya sean libros de Alfaguara o estrenos de Sogecable, ambas del grupo Prisa) o llenar las televisiones de “todólogos” que se presentan como expertos de cualquier asunto para inundarnos de discursos huecos a la altura de conversaciones de barra de bar.

Puede que la información no sea poder, pero es indudable que empodera. Informarse equivale a formarse, a cuestionar y a generar nuevas ideas. Si de verdad se quiere libertad de prensa, hay que garantizar la independencia. Y eso, visto el panorama, sólo puede conseguirse si se regulan los medios de comunicación. Una medida aparentemente “radical y sectaria” que ya venía plasmada en la Constitución.

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