Lo que el Olimpismo puede enseñar a nuestros hijos

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Olimpismo. Bandera olímpica
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Tras cuatro años de larga espera y dura preparación, los mejores deportistas del mundo se reúnen para competir en la cita más deportiva más prestigiosa de todas.

Lo que hoy es una tradición hunde sus raíces en la antigua Grecia, pero el olimpismo moderno surge a finales del siglo XIX de la mano del barón Pierre de Coubertain. Desde el primer momento en el que el movimiento olímpico comienza a andar, se ha procurado relacionarlo con una serie de valores humanos que promovieran el avance de la sociedad.

Inculcar los valores del olimpismo como comportamiento de los hijos

Los Juegos Olímpicos son un escaparate mundial en el que también se fijan los más pequeños de la familia. Por ello los padres pueden usarlos para promocionar buenos valores de comportamiento entre sus hijos.

Muchos de los valores del olimpismo coinciden con los que consideramos esenciales para que los niños se formen como personas y futuros adultos de provecho:

La necesidad de llevar una vida saludable:

El lema olímpico “Citius, altius, fortius” (más rápido, más alto, más fuerte) hace referencia a la obtención de una mejor salud mediante el deporte. Actualmente los niños tienen muchas maneras de divertirse siendo completamente sedentarios, por lo que incluir actividades deportivas en su rutina diaria es el mejor modo de mejorar su salud.

El respeto al rival, que se pregona en el deporte y en especial en las citas olímpicas, entronca con el deseo cívico de una sociedad donde se eliminen las actitudes violentas e irrespetuosas. La actividad deportiva bien encauzada no solo no fomenta la agresividad sino que la combate.

Respeto a las reglas:

Los niños deben de aprender que en la vida existen límites. Los deportes siempre conllevan una serie de limitaciones en forma de reglas, que han de ser respetadas y marcan el ámbito de actuación de los competidores. El respeto a estas reglas es un modo en el que los niños pueden interiorizar la necesidad de observar los límites de aquellos espacios sociales en los que se encuentran.

Respeto a la autoridad.

En muchos deportes existen árbitros que observan que no se incumplan las reglas. Estas figuras de autoridad son similares a las que el niño puede tener en el ámbito familiar (con los padres) y el escolar (con los profesores). Es importante que los niños desarrollen un respeto a esas figuras, pero no basado en el miedo ni la coacción sino en el reconocimiento de su experiencia y la asunción de que estas figuras actúan teniendo en cuenta lo que es mejor para ellos

El valor del trabajo en equipo.

Hay muchos deportes en los que la competición se lleva a cabo junto con otros compañeros. En estos deportes de nada sirve destacar individualmente si el equipo acaba perdiendo. Es lo mismo que se encontrará el niño cuando se haga adulto y tenga que encajar en un ambiente laboral donde se reparten los trabajos según la especialidad de cada uno. El trabajo en equipo nos obliga también a identificar nuestros puntos fuertes para sacarlos provecho y nuestros puntos débiles para tratar de mejorarlos.

El deporte abre la mente a conocer más personas.

Ya sea porque nos relacionamos con los miembros de equipos deportivos en los que juguemos o con las personas con quienes competimos o con quienes compartimos afición, el deporte genera interés en lo que hacen otros, en cómo afrontan los desafíos que se ponen. Incluso, el deporte puede ayudar a nuestros hijos a aprender idiomas porque lo necesiten para aprender más sobre el deporte en cuestión o porque les interese competir en el extranjero.

Los padres han de inculcar buenos valores a sus hijos. El Olimpismo puede ser un buen estímulo para ayudar en esta ardua labor educativa.

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