Libre Elección

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El cocinero, en un arranque de democracia, les preguntó a las aves con qué salsa querían ser cocinadas. Todos los animalitos se quedaron de una pieza, hasta que por allí una gallinita muy tímidamente dijo: !Yo no quiero ser cocinada!. Acto seguido el cocinero les dijo: ¡Un momento…!, eso no está en discusión. Solo se  les ha reunido para preguntarles ¿con qué salsa quieren ser cocinados?.

El problema es que quizá a nadie importe si queremos ser cocinados o no…

Noelia Isidoro, redactora de contenidos de Podemos
Noelia Isidoro, redactora de contenidos de Podemos

Yo creo que sí nos importa. A todas nos gusta elegir. O, al menos, nos gustaría hacerlo. Ejercer de una vez la libertad de elección. En todo para todas. Los neoliberales no sólo saben de este deseo, sino que lo manejan a su antojo, como excusa para privatizar cualquier sector que huela a público, más aún si garantiza derechos. Así ha pasado, por ejemplo, con la sanidad y la educación donde, bajo la premisa de salvaguardar la elección de los ciudadanos a acudir al centro que deseen, se desmantelan los servicios e instalaciones que ellos no desean.

De esta forma, “libertad”, esa palabra tan grande, empequeñece con los golpes del liberalismo. Y de la elección ni hablamos. Lo que nos venden no es más que la posibilidad de optar por alguna de sus alternativas (que eligen por nosotros). Y nos la venden con todas las letras, porque cuando acudimos a un hospital público para una intervención quirúrgica, nos avisan de que tenemos por delante una lista de espera de tres meses y nos ofrecen, a cambio, operarnos en un centro público de gestión privada en menos de una semana. Son tan buenos, se preocupan tanto por nuestra salud…

No les importa que tengamos que pasar de nuestro hospital de referencia (con plantas cerradas, como ocurre en el Universitario de Móstoles) si con ello pueden hacer publicidad en la próxima campaña: ¿Recuerdas? Tu hospital, ese público y destartalado, era tan ineficaz que elegiste aquel otro, gestionado por una empresa privada, con habitaciones grandes y espaciosas y médicos que trabajan, de media, siete horas semanales más que en la pública. ¡Qué eficacia! No la de los médicos, sino la de los empresarios que logran rentabilizar nuestros dolores (y nuestros impuestos) utilizando el mínimo de recursos posible. ¡Qué eficacia la de las puertas giratorias que hacen que los que eran consejeros de Sanidad en la Comunidad se dediquen ahora a gestionar empresas sanitarias privadas!

En educación el asunto funciona de modo parecido. Primero, a golpe de decreto en plenas vacaciones, recortan en profesores de la pública. Poco a poco, llegan las clases masificadas, los malos resultados en las pruebas CDI (que en teoría son anónimas, pero misteriosamente publicitadas por la Consejería cuando se trata de favorecer a coles concertados y privados). Es entonces cuando vuelven a ofrecernos la libertad de elección. Ahora bien, una vez más las opciones las ponen ellos. Y deciden cerrar aulas de coles públicos donde las familias quieren llevar a sus hijos. Pero no pueden. (Sucede, entre otros sitios, en el CEIP “Arcipreste de Hita”, de Fuenlabrada). La Consejería va comiéndose los coles públicos del barrio y ofertando otros que a ella le interesan más, pero no necesariamente a nosotros.

Elegir es bonito, sí, una palabra preciosa y que lleva asociada la responsabilidad y parte de la premisa de la opcionalidad. Lo que sucede es que si partimos de una desigualdad, si no hay opciones, la elección no es posible. Si la batuta la llevan los neoliberales, la orquesta tocará sólo lo que ellos decidan. Y no seremos responsables de nuestros bailes. Eso no es elegir y ni mucho menos se acerca a la libertad de elección.

La libertad de elección no puede ser una ilusión propiedad de una sociedad anónima. Porque no nos conformamos con elegir la salsa con la que nos van a cocinar. No queremos ser cocinadas.

Noelia Isidoro, Redactora de contenidos de Podemos

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