Francia 65 – 52 España: España fracasa en su mundial

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Juan Carlos Navarro y Serge Ibaka abatidos tras la inesperada derrota ante Francia. |FIBA
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La selección se despide del campeonato tras verse superada por un equipo que dominó el partido de principio a fin. La diferencia en el rebote, el físico francés y un nuevo día para olvidar en el triple finiquitaron las opciones de España. Los de Orenga se marchan prematuramente de su torneo con la duda de si hemos asistido al último partido de una generación histórica.

Se acabó. Se acabó el sueño de España de pasar a semifinales,  de vengar la derrota en el pasado europeo, de poder proclamarse campeona del mundo en casa. Pero, sobre todo, puede que hoy haya acabado el camino de una serie de jugadores que nos han hecho vivir los mejores momentos de la historia de nuestro baloncesto. Unos jugadores que, por desgracia, no han estado a la altura de las circunstancias. Y no lo han sido por dos motivos. El primero es porque España hoy no ha sido España. Salvo en momento muy aislados, la selección no ha estado en el partido. Ni la intensidad ni el juego ha sido acorde a la calidad que se le presupone y que tantas veces ha demostrado estado esta selección.

Por funcionar hoy no ha funcionado ni el juego interior. Es muy complicado ganar un partido cuando haces un 2 de 22 en triples, pero ya estaba claro que este no estaba siendo el mundial de España desde el triple. Con lo que nadie contaba es que Francia haya cogido casi el doble de rebotes (50 a 28). Así es muy complicado ganar. Mérito de los franceses, por supuesto.

Sabían perfectamente que para ganar a los nuestros había que defender con la máxima intensidad durante los cuarenta minutos. Algo que se pueden permitir muy pocos equipos, y uno de ellos es Francia, un equipo dotado de un físico privilegiado, que hoy ha sacado a relucir en todo su esplendor.

Pero más allá del físico también está el aspecto táctico. Si Francia ha sido mejor del minuto 1 al 40 no ha sido solo por el físico, sino también porque Collet ha planteado una defensa contra la que España ha chocado una y otra vez. Fíjense en el resultado, 52 puntos de España. 52. Una cifra increíblemente ridícula. Los franceses nos han ganado por dentro, por fuera y en la banda. El duelo de entrenadores hoy no ha existido. La palabra autogestión siempre ha estado presente a la hora de hablar de la labor de Juan Antonio Orenga, más que un entrenador un seleccionador.

Mala señal que los asistentes (Jenaro Díaz y Sito Alonso) sean mejores que el jefe. Orenga hoy ha quedado retratado. Los resultados han ocultado sus defectos. El más claro ha sido el trato mostrado hacia Felipe Reyes, un jugador extraordinario, tan útil en un partido apretado como en uno que se va ganando por 30 puntos. Orenga no le ha utilizado en ninguno de los dos casos, lo que ha hecho que los otros tres interiores hayan jugado más minutos de los necesarios. Y hoy se ha notado, con un Pau más apagado que de costumbre (aunque ha vuelto a ser un día más el mejor del equipo) y unos Marc e Ibaka que han completado un partido nefasto. Por no hablar de unos Calderón y Sergio Rodríguez perdidos en la rotación y un Álex Abrines tan válido como inutilizado.

Ahora toca recuperarse del golpe, dejar que pase algo de tiempo y empezar la autocrítica. No ha sido precisamente la despedida soñada para la generación de jugadores que siempre soñamos tener.

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