El grito desesperado de Aguirre para frenar “a la izquierda radical”

Esperanza Aguirre se lo jugó todo a una carta. Ella se presentó a las elecciones para ser alcaldesa de Madrid. Un todo o nada. El panorama nacional que se ha abierto tras la noche electoral habla de pactos como la palabra estrella. Y en ese juego no entra la candidata. Con Manuela Carmena como primer espada y el PSOE de Antonio Miguel Carmona como escudero perfecto, Ahora Madrid tiene la oportunidad de arrebatarle el Consistorio al Partido Popular, algo que desde tiempos de Enrique Tierno Galván no se conocía. 

En la tarde de ayer, Esperanza Aguirre, con un instinto competitivo voraz, convocaba una rueda de prensa para lanzar un grito desesperado; un mensaje que sorprendería a todos. Y más conociendo a la lideresa. Un llamamiento para frenar a la “izquierda radical” que encabeza Carmena, según ella, y todo con un tripartito que ni la propia Aguirre se imaginaría no hace meses sino días: los concejales conservadores del PP junto a los de “centro-centro” (C’s) y “centro-izquierda” (PSOE) para evitar así que gobierne Ahora Madrid. 

“Dirán que ha habido una mayoría de izquierda. Es verdad”, ha admitido Aguirre, pero la candidata siempre tiene un punto de fuga: “Hay una mayoría más amplia de centro, centro-centro y centro-izquierda. 37 escaños frente a 20”. El canto de Aguirre por frenar una “opción de izquierda radical que utilizará la alcaldía de Madrid como un trampolín para ser la primera fuerza en noviembre en España” le lleva a proponer un frente en el que gobierne la tercera o la cuarta fuerza, algo que no concuerda con su espíritu ganador. 

La expresidenta madrileña, que ha reconocido haber cometido “errores” y que la corrupción ha pasado factura al PP (algo parecido a lo que dijo Sergio López en Fuenlabrada), no ve un problema en que Cifuentes haya sacado más votos que ella en la capital. “No es la primera vez que ocurre. Cristina ha sacado 5.000 votos más que yo, que teniendo en cuenta la última semanita que me han dado”. Una “semanita” que se remató quitándole posibilidades para gobernar y que comenzó con otra “semanita” buscando un lugar de cobijo para continuar en el Ayuntamiento de Madrid. 

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