Alguien llama a tu puerta

Hace tiempo que no le abro la puerta a nadie.

En una ocasión llamaron unos operarios uniformados de azul. Venían cargados de utensilios de esos que se venden en las ferreterías, como picos y palas. Hasta llevaban una escalera. No abrí. Se marcharon y mi curiosidad me hizo salir a la terraza para observarlos en la calle con mayor amplitud que la que permite el ojo de pez de la mirilla. Me vieron y regresaron, y pulsaron de nuevo el timbre, con más insistencia, y escuché alguna voz de queja. No suelo hacer reformas y si alguien los había enviado o pagado con algún propósito o se trataba de algún programa espectáculo de esos que pueden verse en televisión, lo ignoro.

Otra vez, recién mudado, una vecina también llamó al timbre. No sé cómo pudo saber que estaba en casa (los y las correveidiles deben usar tecnología punta para sus averiguaciones) Bajó al portal y se anunció desde el telefonillo. Dijo que se había perdido su gato y me preguntó si no estaría en mi casa. No me gusta que nadie utilice a los animales para sus propósitos. Seguro que pretendía afiliarme a alguna secta u ofrecía algún servicio puerta a puerta.

No suelo afiliarme a nada y no comprendo la actitud solícita de los que sí lo hacen y presumen de llevar carnés de todo tipo en la cartera –o en la cabeza, a veces grabado a fuego–, ni tampoco muestro distintivo alguno que desborde la fachada de la vivienda impidiendo que la luz invada las estancias.

Antes, cuando le abría a todo el mundo, tuve que despachar con vendedores de colonias o de libros para adornar librerías. Y los compraba, porque una vez que traspasan el umbral me cuesta mucho decir no.

Últimamente me han llamado para hablar de La Biblia, y yo solo recuerdo el chiste que contaba un amigo:

Un huésped de hotel está con la recepcionista en la cama. Ella le dice: fíjate, hace un momento ni siquiera nos conocíamos, ¿quién iba a saber que intimaríamos en tan poco tiempo? Él le contesta que sí lo sabía, que lo ponía en La Biblia. ¿En qué capítulo, en qué versículo?, pregunta ella. En la primera página, responde él, lo puedes mirar si quieres. Dice: “la recepcionista traga”.

Dije a quienes querían charlar sobre La Biblia que necesitaba debatir con conocimiento de causa y volviesen el año que viene, cuando la hubiese leído. Lo que no saben es la larga lista de libros que les tengo preparada para que ellos también se documenten en distintas disciplinas.

Dejar comentario

Escriba su comentario
Escriba su nombre aquí